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Actualización de la metodología de ‘rating’ bancario de Moody's: así afectará a  las operaciones de Transferencia Significativa de Riesgo (SRT)

España - 

La nueva metodología introduce un enfoque más exigente sobre las operaciones SRT, incorporando criterios que podrían alterar la valoración del capital de los bancos que recurren a ellas de forma intensiva. Este giro metodológico marca un punto de inflexión para un mercado en expansión y obliga a las entidades a revisar con mayor detenimiento su estrategia de gestión de capital y la calidad de su gobernanza interna.

La reciente actualización de la metodología de rating bancario de Moody's, publicada en noviembre de 2025, introduce por primera vez un tratamiento específico para las operaciones de Transferencia Significativa de Riesgo (Significant Risk Transfer o SRT), incorporando criterios que podrían derivar en ajustes a la baja en la calificación crediticia de aquellas entidades que hagan un uso intensivo de este instrumento para la gestión de capital.

Las operaciones de Transferencia Significativa de Riesgo constituyen un mecanismo mediante el cual las entidades bancarias transfieren a terceros inversores el riesgo de crédito asociado a una cartera de activos (generalmente préstamos corporativos, hipotecas o financiación al consumo), obteniendo a cambio una reducción en los requerimientos de capital regulatorio. Estas estructuras se articulan típicamente a través de titulizaciones sintéticas o garantías financieras que cumplen los requisitos establecidos en el Reglamento de Requisitos de Capital (CRR, por sus siglas en inglés) para lograr el denominado capital relief.

Sin perjuicio de que, como es sabido, está en proceso una reforma del marco de la titulización a nivel europeo, la posición de Moody's refleja una preocupación más amplia existente en el mercado sobre los riesgos potenciales asociados a un crecimiento excesivo del segmento SRT, incluyendo cuestiones relativas a la transferencia efectiva del riesgo, la calidad de la información disponible para los inversores y la concentración del mercado en un número relativamente reducido de participantes especializados, con lo que no es descartable que este desarrollo de Moody’s pueda ser una tendencia que incorporen el resto de agencias.

Principales novedades de la metodología

La nueva actualización de la metodología de Moody's establece que la agencia podrá considerar un ajuste a la baja en el subfactor de capital de un banco cuando el uso de operaciones SRT genere una mejora superior a 100 puntos básicos en su ratio de capital tangible común sobre activos ponderados por riesgo (tangible common equity to risk-weighted assets ratio).

Para llegar a este ajuste, la agencia de calificación evaluará tres elementos principales en relación con el uso de SRT por parte de las entidades bancarias:

  • Volumen del alivio de capital obtenido mediante SRT. Analizará la magnitud del beneficio en términos de capital regulatorio que el banco obtiene a través de estas operaciones. Un volumen elevado de capital relief derivado de SRT podría indicar una dependencia estructural de este instrumento para el cumplimiento de los requisitos prudenciales.
  • Nivel de sofisticación del banco. La agencia considerará la capacidad técnica y experiencia de la entidad en la estructuración, ejecución y gestión continuada de operaciones SRT. Las entidades con menor experiencia o recursos dedicados a estas estructuras podrían estar expuestas a mayores riesgos operativos y de gestión. Esto puede suponer una barrera de entrada para nuevos emisores, si no se utilizan los recursos adecuados.
  • Riesgo de concentración de contrapartes. Se evaluará la diversificación de los inversores que asumen el riesgo transferido. Una elevada concentración en un número reducido de contrapartes podría constituir un factor de vulnerabilidad para la entidad originadora en caso de deterioro de dichos inversores.

Implicaciones para las entidades financieras

Estos tres elementos se integran en la metodología general de Moody's como parte del análisis del subfactor de capital, que a su vez alimenta la evaluación crediticia de referencia (baseline credit assessment) del banco y por lo tanto suponen una serie de implicaciones para las entidades financieras en el desarrollo de estas operaciones y de su estrategia de capital:

  • Potencial presión sobre ratings. Aquellas entidades con programas de SRT particularmente activos podrían enfrentarse a presiones sobre su calificación crediticia si Moody's considera que su dependencia de este instrumento es excesiva. Este efecto podría ser especialmente relevante para entidades que han utilizado SRT de forma recurrente para cumplir con los requisitos de capital de Pilar 1 o los colchones regulatorios.
  • Revisión de estrategias de capital. Las entidades deberán ponderar el beneficio del capital relief obtenido mediante SRT frente al potencial impacto negativo en sus ratings. En determinados casos, un deterioro de la calificación crediticia podría incrementar los costes de financiación del banco en una magnitud que compense parcialmente las ventajas del alivio de capital.
  • Mayor escrutinio sobre estructuración. La referencia al nivel de sofisticación del banco sugiere que Moody's prestará especial atención a la calidad del proceso de estructuración y a la gobernanza interna de las operaciones SRT. Las entidades deberán estar en disposición de demostrar que cuentan con recursos técnicos adecuados y procesos de control robustos.
  • Diversificación de la base inversora. El criterio de concentración de contrapartes incentivará a las entidades a diversificar su base de inversores en operaciones SRT, evitando una dependencia excesiva de un número reducido de fondos especializados o gestoras de activos (o de entidades públicas muy activas, como el Banco Europeo de Inversiones o el Fondo Europeo de Inversiones).

Conclusión: desafíos y ajustes para las entidades con programas SRT activos

Esta tendencia requerirá una reflexión estratégica por parte de las entidades financieras activas en este segmento. Las operaciones SRT continuarán siendo una herramienta válida y regulatoriamente aceptada para la gestión del capital, pero las entidades deberán ser más selectivas en su uso y prestar mayor atención a los aspectos cualitativos de su estructuración y gobernanza para evitar potenciales consecuencias adversas sobre sus calificaciones crediticias.